Advertencia: Sólo acepto casos que puedo ganar
Recientemente un compañero abogado y afamado criminalista quien me refiere los casos con los que él podría tener conflictos me llamó. Esta vez, tenía un cliente contra quien pesaban varios cargos de violencia doméstica, de los más feítos por suavizar el tono, y quería saber si yo podía asumir su representación. Me explicó con lujo de detalle lo que había sucedido.
Al terminar el relato, me dijo: “Yo sé que este caso no hay forma de ganarlo, así que si no lo quieres, te entiendo.”
¿Cómo? ¿No querer un caso porque no puedo ganarlo? Pero es que ningún caso se empieza sabiendo que uno va a ganar. Un caso criminal es el peor de los casos para empezar pensando que uno lo puede ganar.
Entoces, le dije: “Yo no acepto los casos porque puedo ganarlos o no. Simplemente soy parte del sistema, estoy ahí para velar que el fiscal haga su trabajo. Y más le vale, porque si el fiscal titubea le voy a brincar directo a la yugular. Por favor, si el Ministerio Público tiene todo el poder del estado a su favor. Tiene un ejército de policías, secretarias, paralegales y más fiscales a su disposición. Yo si acaso tengo una computadora y par de libritos, y los dos tenemos los mismos estudios. Lo único que puedo hacer es velarlo como buitre, y tan pronto vea algo raro en el proceso, sonar la alarma y lloriquear hasta que me escuchen, así llegue hasta el Supremo.”
Fue una mezcla de sorpresa y gracia morbosa que sentí cuando me dieron a optar por no coger un caso porque corre el riesgo de no ganarse.
¿Habrán abogados que sólo cogen casos criminales que pueden ganar?
¿Cómo saben cuales se pueden ganar y cuales no? Pecaré de ingenuo, pero si yo sé de seguro que puedo ganar un caso, prefiero ni cogerlo. ¿De qué me sirve saber que lo voy a ganar, si esa misma incertidumbre es lo que me hace revisar mi “research” por enésima vez? Será que soy masoquista, pero si lo veo facilito, no lo trabajo igual. Denme un caso que garantizadamente voy a perder, y trabajo el triple.
Así que terminé diciéndole: “Dale, dile que me llame.” Y ahora, tengo un cliente que quizás vaya preso, pero solamente si todo funciona a perfección. Esa es la misma perfección que todo caso criminal debería tener, porque si veo algo raro, me voy a quejar. Es la misma perfección que yo exigiría si yo fuera el acusado.









