Aunque es cierto que no se necesita a un abogado para divorciarse, sí es buena práctica contratar uno para los efectos económicos que conlleva un divorcio.
Una pareja sin hijos, sin propiedades, sin deudas, cuyo matrimonio ha durado poco tiempo podría divorciarse radicando una petición de Divorcio por Consentimiento Mutuo por derecho propio. Solamente se necesita imprimir un formulario, llenarlo, juramentarlo y radicarlo en el Tribunal más cercano. Al cabo de algunas semanas, ambas partes podrían continuar con sus vidas tal y como lo hacían antes de casarse.
Por el contrario, las complicaciones que conllevan la custodia de los hijos envueltos en el divorcio, sus pensiones alimentarias, la división de las propiedades y deudas de la Sociedad Legal de Gananciales entre ambos cónyuges, y las relaciones paterno-filiales, son asuntos que mejor han de dejarse a un profesional. Una pareja que goza de un buen diálogo y que es capaz de sentarse a negociar los pormenores de estos asuntos relacionados podría dividir eficazmente todas las deudas y propiedades comunales entre ambos. Ahora, cuando ambos cónyuges no están de acuerdo, las repercusiones de negociar mal, o de acceder a cualquier acuerdo por un sólo cónyuge pueden tener consecuencias graves para el otro. Estas consecuencias de no planificar y negocear correctamente suelen tardar años en arreglarse.
Es por esto que siempre es buena práctica asesorarse bien con un abogado especializado en divorcios. Por lo general, debido a la complejidad de los divorcios, ésta práctica requiere de ciertos elementos esenciales a buscarse en un abogado competente. Frecuentemente, los clientes prefieren a un abogado agresivo y tenaz. En asuntos de familia, es necesario hacer un balance entre agresivo y cordial, ya que si bien es cierto que quizás un abogado agresivo sea efectivo, negociar los pormenores del divorcio antes de llegar al tribunal es importantísimo, evitándose así litigar innecesariamente detalles que mejor han de resolverse fuera del tribunal. Después de todo, pelear a veces sólo posterga lo inevitable. El abogado de divorcios perfecto debe tener la combinación adecuada de litigante y negociador, y poder escuchar al igual que defender los derechos de su cliente. Un abogado capaz de dialogar, pero también de pelear por sus derechos ante un tribunal, es el atributo más importante de un abogado especialista en divorcios.
Asuntos tales como la custodia y pensión de los hijos se benefician grandemente al resolverse fuera del tribunal, porque así se evita exponer innecesariamente a los niños a un pleito postergado que alarga el doloroso proceso al cual ya de por sí están expuestos. Por otro lado, obligar al tribunal a dividir un negocio en marcha, o propiedades que se pueden compartir entre ambos cónyuges, pone en riesgo de pérdida lo que con tanto sacrificio ambos esposos trabajaron juntos para crear, y al final, nadie gana con un negocio perdido.
En fin, un buen asesor legal es una parte importantísima del proceso. Una sólida experiencia en este tipo de caso, junto a un ánimo objetivo de negocear, garantizan que una vida completa de trabajo no se eche a perder solamente porque se está envuelto en un divorcio. Después de todo, la vida siempre continúa. ¿Por qué no continuarla mejor que antes?








