Soy un abogado verde en Puerto Rico
Todo empezó en la Escuela de Derecho, desde entonces me rehusaba a imprimir hordas de casos que solamente lograban malgastar el papel de las impresoras. Poco a poco fui acostumbrándome a imprimir solamente lo necesario. Aprendí sobre las virtudes de escanear todo lo que llegaba a mis manos y almacenarlo discretamente en formatos digitales. Prefería leer las asignaturas de mi computadora, y lentamente fui imprimiendo menos. Soñaba con los servicios de búsqueda cibernética de fuentes jurídicas, y cree mi propia biblioteca virtual.
Mis amigos me tildaron de loco, y me criticaban que era imposible que dispensara totalmente del tan afanado papel y tinta que por siglos ha sido la fuente primaria del Derecho. Yo les porfiaba que cuando tuviera mi propia oficina, jamás imprimiría, salvo lo justamente necesario para funcionar, mientras ellos reían al unísono y decían que el día de llevar una oficina legal sin papel jamás llegaría.
Ahora, recibo mis faxes virtualmente, escaneo todas las notificaciones que me llegan del tribunal, notifico las mociones a los abogados contrarios por email y tengo mi propia biblioteca digital almacenada en un disquito USB que mide menos que un dedo de espesor. Gracias a la digitalización puedo trabajar desde donde sea, cuando sea, llueva, truene o relampaguee. Mis archivos son aprueba de fuego, terremoto, huracán, robo, viruses o inhumanos hackers, y nunca están a más de un “click” de distancia.
Ahorro papel, no por afanarme de ambientalista, sino porque es el próximo paso lógico. Hace solamente 3,000 años que lo utilizamos. Los árboles piden su descanso, al igual que el ahorro de no imprimir miles y miles de páginas que terminan en la basura después de leerse. La Autoridad de Energía Eléctrica quizás no me agradezca mi ahorro, pero el planeta, cansado ya de tanto abuso, me lo agradecerá al final.
Ahora, soy yo quien ríe cuando visito las oficinas y despachos legales de mis amigos y amigas que se mofaban de mi y veo sus montañas incesantes de expedientes obesos que los acorralan detrás de sus escritorios. Cuando dicen “llevarse el trabajo para sus casas”, los veo amontonando incesantemente sus expedientes voluminosos en carritos. Mientras tanto, a mi me basta con echarme el USB al bolsillo, y cerrar mi laptop.
Escribo este artículo desde mi cibercafé favorito en Mayagüez, mientras sorbo un capuccino con sabor a avellanas, y trabajo desde la comodidad de donde sea. Ser un virtualista me ha liberado de los amarres de la mundana oficina legal, y de la cárcel de papel en la cual viven aún los pobres abogados tradicionales. Quizás pida otro capuccino en rememoranza de cuantas veces esos tradicionalistas se ríeron de mí porque les sugerí las virutudes de archivar digitalmente.
Ahora, sólo sueño con la radicación de escritos al tribunal de forma electrónica, que según me cuentan, es también el sueño de nuestro Juez Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico. De seguro, él también vio la luz para librarnos de la esclavitud al papel.











September 20th, 2007 at 3:33 am
Aunque soy maduro, me confieso también “verde”. Estás en el camino correcto cuando digitalizas los documentos del tribunal, ya que ese es el futuro próximo. Aunque no lo creas, he encontrado resistencia entre colegas más jóvenes que yo hasta para enviar y recibir comunicaciones por correo electrónico relacionadaas con un caso. No sé si ello incide sobre el proceso de facturación en particular o que, sencillamente, dejan a sus secretarias sin taller suficiente. De todos modos, enhorabuena por tu digitalización.
January 21st, 2008 at 7:04 pm
¡Te felicito! Años atrás mis compañeros se burlaban de mí porque yo iba en guagua al tribunal de San Juan desde mi oficina en Hato Rey, pese a que intentaba explicar les la razón de usar la transportación pública para evitar impactos al medio ambiente. Nunca me hicieron caso.
Ya es hora de que la gente empiece a pensar como tú y se dé cuenta de que es necesario que paremos de malgastar los recursos del planeta: agua, aire, papel, tierra, etc. Yo no vivo en Puerto Rico desde hace unos cuantos años pero me he dado cuenta de que el movimiento verde todavía no ha cautivado al país y mucho menos a nuestros compañeros abogados. Lo mismo ocurre en EE.UU., aunque haya un poquito más de conocimiento sobre el tema en el campo ambiental, que es en donde me desempeño.
Espero que muchos te emulen eventualmente…
Susana